Es la primera vez que Irene viaja en avión y a mi se me comen los nervios.
Llegamos a Porto. Lluve y hace frío, pero la emoción no nos la quita nadie. En cuanto llegamos a casa abrazamos a Fer -se está dejando el pelo laaargo como un león- y nos presenta a alguna persona que está desayunando -Rodrigo, Memet, Elena…
La casa es gigante y la sensación que desprende me enamora. Está vieja, en ciertas habitaciones parece limpia; cuando en realidad solo está pintada, y en otras se nota la edad y que es una casa erasmus.
En la cocina la gente empieza a llegar y un montón de nombres nuevos nos atacan:
– este es Jacek, este Uldis, aquí Andrea…
– Ja… what? sorri sorri… Oldishh? …
Todo en un inglés un tanto macarrónico. Aún así no importa, ya estamos aquí, ya nos aprenderemos los nombres. Yo no puedo parar de sonreír y mirar a todos los lados.
Ya estamos de erasmus